Café y chocolate se acompañan bien porque vienen del mismo tipo de proceso: los dos son semillas que se fermentan, se secan al sol y se tuestan. Eso deja aromas parecidos en la taza y en la barra. Nuestro café es un excelso colombiano de tostión media, con aroma a chocolate y un fondo cítrico afrutado, así que cuando lo tomas junto a un bombón las notas se encuentran solas.
Toma primero un sorbo de café, después el chocolate, y espera unos segundos antes de seguir. En ese orden el paladar queda limpio y sientes los dos.
Por qué se parecen tanto
El grano de café y la almendra de cacao empiezan igual. Los dos crecen dentro de una fruta, se sacan con su pulpa, se fermentan unos días, se secan y después se tuestan. La fermentación arma los ácidos y el tueste los convierte en aroma.
De ahí salen los descriptores que se repiten en los dos mundos: tostado, fruta seca, caramelo, especia. Cuando decimos que nuestro café tiene aroma a chocolate no estamos poniendo una metáfora bonita en la etiqueta. Es que el camino que recorrieron los dos granos fue casi el mismo, desde el árbol hasta el tostador.
En qué orden tomarlos
No hace falta nada especial, solo un poco de calma.
- Prepara el café con la proporción de siempre: 7 g por cada 100 ml de agua, entre 90 y 93 °C. Molienda media para goteo o V60, gruesa para prensa francesa.
- Déjalo reposar un minuto. Un café hirviendo adormece la lengua y después el chocolate llega plano.
- Da un sorbo de café. Después muerde el chocolate.
- Espera unos segundos antes del siguiente sorbo. El relleno se derrite con el calor que quedó en la boca y ahí aparece lo bueno.
Si empiezas por el chocolate, la manteca de cacao cubre el paladar y el café que sigue sabe a menos de lo que es. Por eso el sorbo va primero.
Uno le abre la puerta al otro. Ese es todo el secreto.
¿Y mezclarlos en la misma taza?
También se puede, y es otra experiencia. Un poco de chocolate derretido en el fondo de la taza, antes de servir el café, da una bebida densa parecida a un mocha casero. Queda rico, pero se pierde el contraste: ya no distingues dónde termina uno y empieza el otro.
Vale la pena probar las dos formas. Por separado se nota el detalle de cada uno. Juntos en la taza es más para un día frío en Bogotá, cuando lo que uno busca es abrigo y no cata.
Qué relleno para qué momento
Nuestros bombones se presentan en caja de seis, surtidos entre los cinco rellenos de la casa. Cada uno se lleva distinto con el café.
- Toffee: el más amable. El azúcar cocida con mantequilla redondea la acidez del café y lo vuelve casi un postre.
- Ganache de limón con coriandro: se cruza con las notas cítricas del café y despierta. Bueno para la mañana.
- Ganache de chocolate y pimienta: la pimienta deja un calor al final que el café recoge bien. Mejor de tarde.
- Ganache de whisky y ganache de aguardiente amarillo: los dos llevan licor, así que no son para niños ni para quien evita el alcohol. Van bien después de comer, cuando ya no hay prisa. Si necesitas una caja sin licor, escríbenos por WhatsApp al 316 414 8888 antes de pedir y te contamos qué alternativas hay.
Las trufas piden otra cosa. Son más grandes y más cremosas, con notas de cacao y crema, así que aguantan un café más cargado. Con una alcanza para toda la taza.
Cómo armar la pausa completa
Si quieres estirar el momento, suma fruta deshidratada. El mango y la uchuva tienen acidez propia y hacen de puente entre el café y el chocolate: limpian el paladar entre un bombón y otro sin sumar más dulce del necesario.
Una taza, dos bombones y unas láminas de mango sobre un plato pequeño. Se arma en dos minutos y dura los quince que uno normalmente no se da.